martes 10 de febrero de 2009

Historia de un asesino (IV)




La primer charla con alguien que apenas conoces, por regla general, habrá de resultar abismalmente compleja. Con Esperanza no fue así; después de encontrarnos, nos dirigimos al café "Don Luquino"; era un lugar al que yo acudía por primera ocasión, no podía hacerme a la idea de otras veces en las que habiendo pasado por ese lugar, en ninguna me percaté de la presencia de Esperanza, ya que ella decía ir cuando poco, dos veces por semana.



Ella -tan extrovertida como siempre-, comenzó por darme cuenta de su existencia, me platicó que toda su infancia y parte de su adolescencia había residido en un pueblo cercano a San Andrés Villadeluna y Galeana, que provenía de una clase media baja, que su padre era el todologo del pueblo, es decir, se dedicaba a todo y por ello a nada, que su madre era la partera de aquélla comunidad y tenía fama de haber contribuido a que más de 154 mujeres dieran a luz, que previo a ella sus padres fallaron dos ocasiones en intentar ser padres... Con posterioridad, me habló de su llegada a la ciudad, comentó lo dificil que resulta para alguien de pueblo abandonar sus raíces, no por la melancolía, sino virtud a estar casada con ciertas costumbres; luego, conversamos de sus metas personales, me dijo que siempre había soñado con ser una excelente psiquiatra, que tenía la ambición de contribuir a que su pueblo tuviera un buen hospital y no el dispensario al que acudían todos sus habitantes, de una escuela que permitiera que los niños tuvieran una buena formación académica y, de la imperiosa necesidad de regresar algún día a revivir sus ya casí extintas costumbres. Me contó que dentro de esos trazos, el primero ya estaba seudo cumplido, ya que se encontraba cursando el último semestre de medicina y enseguida estudiaría la especialidad en psiquiatría.



Después de tres cafés de ella y uno mío, nos dímos cuenta que había oscurecido; entonces, el mesero, con toda la mala educación habida, nos llevó la cuenta, la cual, comparada con el hecho de platicar con Esperanza y contemplar sus ojos, me pareció insignificante. Después, le solicité me concediera acompañarle a su casa, a lo que ella accedió, sin embargo, era tarde y los autobuses ya no circulaban, por tanto, elegímos ir caminando. El trayecto a su casa, fue tan placentero para mi, como la alegría de contar con un día más de vida.



Con lo anterior comenzó la era de adicción a la cafeína en mi vida; me era tan preciso acostumbrar mi estómago al café, para tener el pretexto de poder ver a Esperanza tan seguido como ella lo aceptara. cuando nos veíamos era el hombre más gustoso en esta vida, pero al llegar a mi casa mis parpados eran cual cortina abierta en una residencia abandonada, -nadie los cerraba-. Así, nos estuvímos conociendo por el tiempo de tres semanas, en específico los días martes y sábados que era cuando ella tenía oportunidad.



El último de esos sábados, fue el primero de Diciembre. Acompañado del frío propio de ese mes, vino la distancia de Esperanza, quien por situaciones más que lamentables -su madre enfermó de un tumor maligno en su vientre-; tuvo que trasladarse por un par de semanas a Santa Gabriela de los Jiménez, para estar al pendiente de su progenitora, quien era invadida en su mayoría por un cáncer que ya había hecho metástasis; con tal suceso, los días de mi vida, quedaron escasos de cualquier emoción bondadosa, todo era tristeza, frustación... Era como si de pronto, la vida me hubiera regalado la oportunidad de ser feliz, pero con fecha de caducidad, arrebatándome esos ojos que enredan mi alma; pues precisaba de Esperanza en el tiempo impreciso.



Continuará...


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miércoles 28 de enero de 2009

Te preciso en el tiempo impreciso.

Te preciso en el tiempo impreciso,
como la noche a la luna;
la diferencia es que soy indeciso,
y cuando te ocultas todo es bruma.
Tus ojos enredan mi alma,
a la par de tus labios, que me regalan la calma;
conduciéndome a un sitio distinto,
donde de ilusión yo me revisto.

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domingo 21 de septiembre de 2008

Una enorme disculpa y un pronto regreso.

fire, li´sotto, uffor, 8.1416, ariadna, virginia, shiry, bell, malena, críptica y nancy:
SE ME CAE LA CARA DE PENA. NO HE PODIDO PASAR A VISITAR SUS BLOG´S, DADO QUE HE ESTADO SATURADO DE TRABAJO, (TENÍAMOS UNA ESPECIE DE AUDITORIA EN EL JUZGADO, LLAMADA VISITA Y SE TRABAJA UN PAR DE MESES ANTES), SIN EMBARGO, ESTOY A NADA DE REGRESAR.
EN POCO SABRÁN DE ESPERANZA Y LA HISTORIA DE UN ASESINO.

UNA ENORME DISCULPA Y UN PRONTO REGRESO


¡GRACIAS POR SU PACIENCIA!

sábado 9 de agosto de 2008

Historia de un asesino. (III)


A decir verdad, la idea de tomar café no resultaba la cita ideal para comenzar mi cortejo. Debo confesar que ese tipo de bebidas, nunca han sido toleradas por mi estómago; sin embargo, ello representaba una oportunidad para volver a encontrarme con Esperanza.

La semana previa al domingo y después de despedirnos, fue igual en tiempo que los veintitrés años que hasta ese día contaba en vida. Bien podría describirse como un binomio de sensaciones, era angustia recetada con ilusión; angustia, porqué no sabía si lo mucho o poco que yo representaba como persona, era suficiente para agradar a Esperanza, porque me invadía un bestial miedo de no ser capaz de sostener una conversación, de que el tema se acabara, de que mis movimientos fueran demasiados o muy reducidos para su gusto, de que mi modo de mirarla fuera muy intenso o desinteresado... e ilusión, virtud a lo que me facultaba lograr ser de su agrado, compartir una opinión, anhelar los mismos horizontes y, quizá, que se convirtiese en el amor de mi vida.

Quizá Esperanza ni siquiera tuviera en cuenta que habíamos quedado de vernos el domingo próximo, o quizá si... lo cierto es que cada uno de los días anteriores a la cita aparecía en mis sueños. El domingo que nos conocimos fue el único en que no pude cerrar los ojos.

Después de todo o después de nada -porque sin ella nada pasaba-, llegó el tan ansiado domingo, -debo mencionar que, más esperado que un domingo de misa para los católicos-; apenas el sol daba sus indicios de querer aparecer y yo, ya cuestionaba mi armario, ¿Qué era lo más apropiado para ver a Esperanza? ¿sport, formal, informal...?, ¿peinarme igual que siempre o correr el riesgo y hacerlo como nunca? ¿loción fresca o dulce?, determiné que era en demasía temprano para complicarme con ello; entonces, me dispuse a intentar una pequeña siesta, de aquéllas que no había tenido desde hace 144 horas.

Desconozco si fue la escabrosa pesadilla que se apoderó de mi, aunada al calor que uno tiene cuando mal sueña, o tal vez el propio inconsciente que me exigía encontrarme con mi destino, lo cierto es que de pronto desperté, desde luego apremiado por el tiempo, pues habían transcurrido unas diez horas desde el amanecer, por lo que, era cuestión de minutos para llegar a mi cita con Esperanza.

Consideró que la premura de las circunstancias, me bloqueó mentalmente, pues nunca he podido recordar lo que traía puesto, ni si me peiné distinto o igual, mucho menos la loción que elegí. Lo único que tengo presente es que, trayecto a mi cita, iba desconcertado, me aterraba la pesadilla que minutos atrás había tenido.

Alguien alguna vez me dijo que la cabeza de uno, después de soñar, se equipara a un recipiente con agua, es decir, apenas te mueves y las ideas que contienes, se mueven contigo. Así, yo tenía una preocupante y confusa idea de mi sueño; no lo recordaba a plenitud, pero lo que me angustiaba, era el hecho de ver sin vida a la mujer con la que minutos después me encontraría.

Recorridas unas veintisiete cuadras, mi humanidad se encontró entre la segunda esquina donde corta Universidad con Francisco I. Madero, para de pronto, olvidar aquella perturbante pesadilla que me arrebataba a Esperanza. he de confesar que al verla tan viva, sentí alivio.

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domingo 3 de agosto de 2008

Historia de un asesino.






Dentro de aquellas remembranzas, me ocupaba incesantemente la del día que conocí a Esperanza. Ella, al igual que su nombre, le dió curso y sentido a mi vida; era tan extrovertida y amistosa como un vendedor de pólizas; tan segura de sí, como un juez infalible, y tan bella para mí como la circunstancia de amanecer vivo cada día.


Recuerdo que fue un domingo seis de octubre de dos mil dos, cuando mis ojos acompasados con mi alma, después de mucho tiempo, se dijeron satisfechos de ilusión. Tal acontecimiento tuvo suceso en la segunda esquina donde corta Universidad con Francisco I. Madero, esto es, en el corazón del centro, en la ciudad de San Andrés Villadeluna y Galeana.


Contrario a la personalidad de Esperanza, yo era absolutamente inseguro en algunos eventos, verbigracia, caminar por la calle. Desde pequeño tenía pavor, siempre pensaba que alguien venía atras de mi con intenciones no muy buenas, -en realidad lo único que me perseguía era esa tonta idea-, por tanto, no podía avanzar más de quince o diecisiete pasos sin dejar de ver lo que ya había recorrido; sin embargo, tal maña me obsequió la oportunidad de iniciar el diálogo con el gran amor de mi vida.


Si la memoria no me falla, con posterioridad de haber mirado durante un par de cuadras hacia atrás, Esperanza decidió darme alcance y, con su naturalmente extrovertida personería, una vez que volví a voltear, faltó sólo el tamaño de una hormiga para que sus labios y los míos quedaran frente a frente. Entonces, no pudo ser más que obligado un penoso saludo, el que siguió acompañado hasta llegar al Templo de la Anunciación, en dónde, después de habernos revelado nuestros nombres, edades, -presiento que la de ella fue reducida-, y ese tipo de detalles, quedamos de vernos el siguiente domingo entre la segunda esquina donde corta Universidad con Francisco I. Madero, para poder charlar con calma y, a propuesta de ella, tomar un buen café.
Continuará...

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viernes 1 de agosto de 2008

Historia de un asesino.









Bien podrían ser las siete de la mañana, las seis de la tarde o madrugada. Todo era oscuridad; mi ser no percibía otra sensación que la de angustia, por aquél compacto espacio en el cual me encontraba, por cierto, lleno de agua hasta mis rodillas. Entonces, mi humanidad se percató de una línea de luz con apenas grosor de un centímetro y contrario a sentirme aliviado, inmediatamente volvía la angustia a mí, dado que al adherir mis manos al pequeño umbral, observé que estaban impregnadas de sangre.








Lo anterior en cualquier otro escenario hubiera sido a lo más, consecuencia de alguna cortada propiciada por las limitadas medidas del lugar donde me hallaba; sin embargo, a la par de aquél dubitable hallazgo, comencé a escuchar sirenas, helicópteros y una voz que aducía con eco: entren ahora... a la de tres derrumbamos la puerta.








Por lo anterior, intenté indagar algo que me diera alivio, por tanto, avance medio paso hacia delante y topé mi frente con la ranura de luz en extinción que momentos antes había descubierto, así, me di cuenta que un comando de policías se encontraba alrededor de mi casa.










Procuré hacer reflexión, pero nada me venía a la mente, sólo angustia acompañada de más angustia... quise sentarme a llorar, -eso desde luego no resolvería la incertidumbre, pero si aliviaría la presión de encima- entonces, flexioné mis piernas quedando en cunclillas, y sentí tropezar con algo que, a decir del tacto, parecía humano. Fue así como el llanto estalló, percatado de que era una mujer sobre la que estaba sentado intenté despertarla, pero ella no sobrevino de aquél sueño eterno.



Mientras tanto, al parejo de las sirenas se oían gritos que decían: "La ha matado, la mató por celos...", "Está ahí, está con ella y ha amenazado con quitarse la vida si alguien sube", "Que se muera, es un asesino, un estúpido asesino". A partir de ese instante, comencé a recordar, me vinieron ideas vagas a la mente, aquélla mujer que tenía sobre mis piernas, había sido el enorme amor de mi vida.










Continuará...

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miércoles 23 de julio de 2008

Lo que es que, según cada quien.



Complejo resulta determinar o darle un concepto a las formas, que, invariablemente, siempre tendrán como fin último el fondo. Esto es, propiamente dicho por Maquiavelo:
"el fin justifica los medios"; luego entonces, se tiene que los medios son la forma y el fin el fondo.

De infinita trascendencia ha resultado para el ser humano (al menos en lo particular), explicarse apenas cuestiones de suerte como la existencia propia, el origen, el fin, todo ello vinculado a la vida.
Así las cosas, al realizar un examen de los aspectos que atañen la estancia del hombre en este mundo, me lleno de interrogantes.

En fin, con el propósito de interpretar lo que quiero plasmar, ejemplificaré lo siguiente.

Verbigracia:
Por una estrecha arteria de la ciudad conducen entre otros, un par de autos, la luz del semáforo está en rojo, el conductor que se encuentra al mando del primero de los vehículos en mención ha quedado intencionalmente centímetros atrás de la zona peatonal, con la finalidad de no incurrir en alguna infracción de tránsito. Por otro lado, el segundo de los en comento, se ha percatado que por un angosto espacio que el referido primeramente ha dejado para respetar el cruce del peatón, le es posible avanzar y quedar en ventaja para ser el primero en arrancar.


¿Quién es menos tonto o más inteligente?


¿El segundo de los choferes será menos tonto por tener en cuenta la referida ventaja?
¿El segundo de los choferes será más inteligente pues al percatarse de lo ejemplificado, podrá llegar primero a su destino?

En nuestra cultura, el par de interrogantes serían respondidas de modo afirmativo; sin embargo, será menos tonto el conductor que respetó la zona peatonal en virtud de que si pasa una patrulla y se percata de que el segundo está invadiendo el aludido espacio, estará en aptitud de infraccionarlo? o será más inteligente, al saber que encontrándose respetando dicho espacio y de suscitarse un accidente, el quedará eximido de responsabilidad por encontrarse debidamente posicionado?

Cada quien ve el vaso como quiere... no obstante, lo cierto es que las conductas antepuestas, tan indiferentes para algunos, marcan la pauta para determinar la forma en que actuamos día a día, y el fin que tendrán nuestras vidas.

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